Alzar mi voz a Ti quiero

Ser hoy tu humilde pregonera

Que te honren y agranden espero

Estas palabras de mi amor sincero

Bendita Patrona Minera

 

Antes de comenzar mi pregón quisiera agradecerte las cálidas y emotivas palabras que me has brindado en la presentación de este acto. Y quisiera también en este momento acordarme de tu abuelo, amigo y compañero de mi padre, que hoy estará tocando junto a él en su Orquesta Hawaii.

 

Vaya mi pregón a tres personas que desgraciadamente ya no se encuentran con nosotros y que de una u otra manera se entregaron en cuerpo y alma a esta su hermandad.

En primer lugar a mi padre, Cristóbal Pérez, que a la temprana edad de veintitrés años vivió junto con su familia la fundación de esta Hermandad de Santa Bárbara y que quince años más tarde habría de escribir de puño y letra algunas de las ampliaciones de los estatutos de la misma.

En segundo lugar a Antonio Gálvez, gran amigo de mi padre y que fuera Hermano Mayor de esta Hermandad en tiempos de grandes dificultades.

Y por último a Antonio García "Pilongo" de cuyas manos llenas de arte surgió la bella imagen de Santa Bárbara a la que hoy rendimos culto.

Por esto quiero agradecerte a ti Julián el haber pensando en mí como pregonera de la romería de este año, porque al hacerlo también pensabas en la figura de mi padre.

También quisiera dar las gracias a las distintas Juntas de Gobierno, encabezadas por sus distintos Hermanos Mayores y que han regido nuestra hermandad desde sus comienzos hasta el día de hoy, ya que todas han contribuido con su buen hacer a la mayor honra de nuestra Santa. Agradecer también el apoyo y la ayuda mostrada por mi madre, marido e hijos que se encuentran hoy conmigo. Del mismo modo quisiera expresar mi agradecimiento a todos los que estáis presentes, que sois los verdaderos protagonistas de esta festividad.

Mi pequeño y breve relato mas que pregón, se basa en recuerdos de mi niñez, época muy hermosa de nuestra vida, pues las vivencias de esa edad, cuando se asimilan, parecen mágicas y marcan de por vida a las personas.

En consecuencia quisiera dar comienzo parafraseando parte del Himno a Nuestra Patrona Santa Bárbara.

Hoy tu pueblo minero te aclama

Patrona te llama con gozo y amor

A tus plantas fervientes suplica

Bárbara bendita nos des tu favor.

Y no tardaron mucho en cumplirse tus favores pues a los quince años de la creación de la hermandad comenzaron a hacerse realidad los ruegos y súplicas que tus fieles te pedían, al poner en marcha la hermandad una obra social cuyo fin era ayudar a sus hermanos más humildes a sufragar en parte los gastos originados por enfermedad, baja laboral y por defunción. Para ello se creó entre otros, un servicio de practicantes a domicilio, que acudían cuando por razones de enfermedad e inmovilidad se necesitaba la intervención de servicios de inyectables, con el fin de que nadie quedara desatendido en su casa, y sin necesidad de desplazarse al Botiquín, que como todos sabemos, era en cierto modo el hospital que aquí teníamos.

Asimismo se estableció un servicio de taxi-ambulancia que llevaba a cabo traslados de enfermos a clínicas y hospitales de Sevilla cuando el paciente lo requería o en los casos extremos de explosiones que se producían en los distintos pozos de la mina.

Y digo taxi-ambulancia porque en aquel entonces no existían ambulancias tal como hoy las conocemos, al menos aquí en el pueblo. El vehículo que se encargaba de dichos traslados era un SEAT 1400 con matrícula SE-35658 y su conductor era, ni más ni menos, que mi querido amigo Antonio García Copete, al que todos conocemos mejor con Antoñito Liñán.

¿Cuantas veces venía a mi casa, querido Antonio, tu mujer Antoñita a cualquier hora del día o de la noche buscando a mi padre?: "Cristóbal, fírmame, que hay que hacer un traslado". Con estos servicios la hermandad no descuidaba una de sus principales labores: la caridad. Consiguiendo realizar una importante labor social y cristiana, cuyo fin era ayudar en todo lo posible a sus hermanos.

Naturalmente estos servicios suponían unos gastos que los ingresos de las cuotas de hermanos no lograban sufragar por completo, por ello la hermandad se desvivía para organizar actuaciones y espectáculos que se celebraban en el Teatro-Cine y así recaudar fondos adicionales.

Y siempre a últimos de noviembre la hermandad consagraba una misa en la iglesia a los hermanos difuntos.

Más tarde, sobre los años setenta vinieron tiempos malos para todos, especialmente para el pueblo con el cierre de sus minas, pero ellos siguieron ahí, al pie del cañón para lo bueno y para lo malo, manteniendo a la hermandad como pudieron para que ésta no desapareciera.

Por este motivo muchos mineros tuvieron que emigrar a otras regiones españolas e incluso al extranjero. Desde aquí vaya para ellos y sus familiares un fuerte abrazo y mis mejores deseos, rogando a Santa Bárbara que los ayude y proteja en el lugar donde se encuentren y que algún día no muy lejano puedan retornar a sus orígenes.

Ahondando un poco más en mi memoria me viene a la mente la cercanía del día de tu onomástica en el mes de diciembre. Unos días antes se comenzaba con los preparativos para la fiesta. En casa de mis padres se guardaban los paquetes de cohetes que se empezaban a lazar la noche del 3 de diciembre, víspera de tu día. Y recuerdo como mi padre le decía a mi madre: "Cuidado con esa niña, no vaya a ser que entre en la habitación, que están los cohetes, y le vaya a pasar algo". Igualmente preparaban los bocadillos y las bebidas para los músicos de la banda que el día 4 de diciembre tocaba diana a las ocho de la mañana por las calles del pueblo luego daba comienzo la misa celebrada en su honor y una vez finalizada se efectuaba el concurso de entibadores, participando grupo de mineros, otorgándoles sus respectivos premios. Y ya por la tarde para culminar los actos dedicados a nuestra patrona, se celebraba la procesión, recorriendo diversas calles de esta población.

En esta parroquia permanecía nuestra patrona para conmemorar la novena que en su honor se celebraba y posteriormente se le trasladaba en andas a su ermita, traslado en el que todo fiel que así lo quisiera podía participar portando sobre sus hombros a nuestra querida Santa, llevándose a cabo el recorrido por el viejo camino y a la vuelta nos parábamos a coger algunas bellotas.

Con el paso del tiempo llega la Primavera, rebosante de flores silvestres de mil colores que brotan en los verdes campos, con ella de acerca mayo, mes mariano en todo el mundo cristiano en general y mes minero por excelencia en nuestro pueblo en particular, en el que se celebra la ofrenda floral y la romería en tu honor, que en sus comienzos se realizaba en el Cerro de la Encarnación, donde se hallaba la primitiva ermita y que me recuerda el estribillo de una sevillana compuesta para ti:

"¡ay, que bonita!, que en lo alto del Cerro tiene su ermita,

¡ay, que preciosa!, que en lo alto del Cerro tiene su choza".

Choza pequeña, bonita y reluciente, pues cuando a través de sus ventanas se colaban y reflejaban los rayos de sol, sus paredes relucían como el oro.

En esta pequeña ermita permanecías todo el año junto con los ermitaños que cuidaban de ti y sólo se ausentaban para bajar al Economato y abastecerse de víveres. Días antes de la celebración de la romería la empresa Minas de la Reunión mandaba trabajadores para reconstruir el camino, que de un año a otro se perdía por motivos climatológicos. También enviaba camiones con agua potable, pues se había construido un depósito que había de ser llenado para el abastecimiento de todos los romeros.

Los preparativos volverían a mi casa: los cohetes, las flores para adornar la carreta, el cáliz y la vinajera, el purificador, la casulla, el alba y el amito que la hermandad poseía y con los que el sacerdote oficiaría la Santa Misa en la ermita del Cerro de la Encarnación. Y mi padre sacaba su medalla que ese día colgaría de su cuello, por si tenía que limpiarla, medallas que fueron las primeras que tuvo la hermandad para las cuales al inicio hubo que comprar muchos metros de cordones, unos de color rojo y otros de color azul, cosidos a mano en casa de mis abuelos, labor en la que ayudó también mi madre. La de mi padre tenía el cordón azul ya oscurecido y un poco deteriorado, la medalla ennegrecida hace tiempo que no se limpia pero la conservo con gran cariño y hoy la levo conmigo.

Recuerdo que mi padre me contaba que para esa ocasión mi abuela Pepa, disponía todos los avíos para la comida y una vez en el Cerro, mi abuelo Pepe preparaba un gazpacho en un lebrillo de barro muy grande ayudándose de una maja y que todo aquel que quisiera podía degustar.

Y al llegar ese día tan esperado por todos, mi pare se reunía al amanecer con su amigo Gálvez para realizar los últimos preparativos y dirigirse ambos hacia donde se encontraba la carreta y adornarla con flores antes de marchar a escuchar la Misa de Romeros. Mientras tanto mi madre me levantaba y preparaba porque a mí me gustaba asomarme a la puerta y ver pasar la carreta, que se dirigía hacia la puerta de la Iglesia en busca de Santa Bárbara, y a la vez escuchar el tintineo de las campanillas que colgaban de su original carreta, y que representa metafóricamente la torre en que fue encerrada.

Y tras recoger a la Santa comienza el camino emprendido por romeros a pie, a caballo, en carretas, charrés y otros en burro, como yo, que solía hacerlo de este modo con mi primo José Mari, pues todo medio era tan válido como os demás para peregrinar por aquél entonces al Cerro, recorriendo caminos y senderos rebosantes de jara y romero y al compás de sevillanas, vítores y del sonido de la pólvora que indica el paso de su carreta. Tras cruzar el puente de la rivera va dejando atrás su pueblo, adentrándose en las arenas.

Su primera pará en el cortijo de Montehorcaz que esperaba impaciente su llegada. Para los romero unos rezos, unos cantes, un tentempié y un trago de la bota y para los animales unos minutos de descanso y agua en el abrevadero para seguir su caminar hasta llegar al Puente Chico, reconstruido y bautizado como el Puente de Santa Bárbara, saliendo a la carretera de las canteras, dejando a la izquierda la cancela del Parroso y girando a la derecha, para posteriormente, emprender la subida a los más alto del Cerro.

subida que ya no se realiza pues desde hace muchos años llegando a esa cancela comienza una bajada hasta llegar al Parroso, hermoso paraje rodeado de encinas, palmeras y eucaliptos, por el que transcurre el arroyo que le da nombre, y donde, en sus aguas, la carreta parece anclarse.

La Santa llega al Parroso

rodeada de romero

y entre vítores y palmas

cruza pausada el riachuelo.

En un orilla la gloria

y en la orilla opu4sta el cielo.

Cuatro palmeras te esperan

que alzan sus palmas al vuelo.

El boyero manda ya

parar tu carreta al centro

y un ángel bajando va

portando corona y cetro

¡Reina de aclaman tus hijos

del pueblo de tus anhelos!

Tras un magnífico día en familia y entre amigos, entre cantes y bailes por sevillanas, comida y una siestecita incluida, un cohete, anuncia el camino de regreso que los romeros emprendemos con la misma alegría con la que lo iniciamos.

Quizás algo cansados

quizás algo nostálgicos

quizás llorando de pena

o quizás sea de emoción

esperando con gran ilusión

que llegue pronto el momento

de la próxima peregrinación.

Como el camino de ida se hacía por la parte baja del pueblo, la vuelta era por la parte alta y así podíamos efectuar una emotiva parada en el convento de las Hermanas de la Cruz, donde emocionadas por la visita, cantaban alabanzas a nuestra Santa.

Desde ahí y hasta la parroquia los cantes se incrementaban, pensando quizás en el poco tiempo que nos quedaba por disfrutar de la compañía de Ella.

Mi pregón llega ya a su fin y antes de terminar me gustaría expresar lo que siento en estos momentos que no es más que una intensa emoción por encontrarme a tus plantas. Al igual que imagino que Tú te sentirás dichosa con esta hermosa ofenda que tu pueblo te ha brindado. Porque no sólo se acuerda de ti, Santa Bárbara, cuando truena.

Pedirte quiero Patrona:

"atiende a mi voz

y concede a tu pueblo querido

el gozo cumplido de la salvación"

Para finalizar y como no podía ser de otra manera te elevo estos versos que espero te agraden, Patrona:

Tu mirada al Cielo alzaste

y un Padrenuestro rezaste

con fe tan honda y sincera

que Dios al oír tu voz

Santa y Virgen te nombró

Infanta, Reina y Minera.

 

¡Viva Santa Bárbara" ¡Viva la Patrona de los mineros!