Lleva unas zapatillas de deporte rojas y una camisa de mil
rayas. Sería difícil identificarlo como cantaor, pero Juan
Reina fue el ojito derecho del maestro Pepe Pinto y uno de
los fijos del madrileño Corral de la Morería.
-Es
usted el artista oficial más veterano del Concurso
Nacional, ¿no?
-Sí, entré en el 92, el año de la Expo de Sevilla, y desde
entonces siempre he vuelto. No tengo nada firmado con la
organización, pero gracias a Dios sigo aquí. Tengo la
suerte de que mi afición es también mi trabajo y que la
gente me llama. Y aquí en Córdoba me han tratado siempre
muy bien, algo por lo que estoy profundamente agradecido,
no por la cuestión material, que es la menos importante,
sino por el cariño que recibo.
-En
quince años habrá visto usted artistas de todo pelaje.
-He
visto de todo, sí. Pero me enorgullezco de haberle cantado
aquí a artistas que cuando llegaron no eran nadie y ahora
son primeras figuras. Yo le canté a guitarristas como
Antonio Soto, que ahora va con Fosforito, Paco Serrano,
Francisco Javier Jimeno... Y en el baile no se me puede
olvidar el año que le canté a la Yerbabuena.
-Aquello fue sonado. Eva rechazó el premio. ¿Cómo lo vivió
usted desde dentro?
-Aquello fue un follón. Fue en el 92. Lo que dijo Eva es
que en el baile no había buen nivel y que no veía bien que
le dieran ese premio. Bailó por soleá para comérsela,
porque ella baila muy bien. Es una gran profesional y en
Córdoba sorprendió a todo el mundo con su baile. Pero
luego pasó lo que pasó.
-¿Recuerda especialmente haberle cantado a alguien más?
-Bueno, también le canté a la única japonesa que ha ganado
premio, Atsuko Kamata, una gran bailaora que era alumna de
Milagros Mengíbar. Fue un premio muy merecido porque bailó
muy bien por guajiras.
-Y
este año, ¿qué?
-Ahora estamos en la incógnita. A mí me ha gustado mucho
David Palomar por alegrías y el extraordinario
acompañamiento que le hizo Rafael Rodríguez. También le he
cantado a Marco Flores, un bailaor que me ha encantado
porque tiene arte. Yo no lo conocía de nada, pero el
chaval tiene mucha seguridad. Pero, bueno, la última
palabra la tiene el jurado.
-¿Nunca ha tenido que cantarle a un bailaor imposible?
-Mi
posición es difícil para hablar de eso. Soy incapaz de
hacerle una mala crítica a nadie porque a mí no me
gustaría que me machacaran. De todas formas, este año ha
habido menos casos de ese tipo, no como años atrás, que
como la inscripción estaba abierta a todo el mundo, se
presentaba gente que no sabía la trascendencia que tiene
este concurso, en el que han ganado Paco de ucía, Manolo
Sanlúcar, Mairena o Fosforito.
-¿Cómo empezó en esto Juan Reina?
-Yo
soy de Villanueva del Río y Minas. Empecé con diez años en
la radio. Me contrató Pepe Pinto para un programa que se
llamaba «Ronda de Domingo». Luego conocí a Porrinas,
Marchena, Valderrama... Tenga en cuenta que tengo 57 años.
Estuve una época en el Corral de la Morería de Madrid, que
fue donde me crié y me hice como artista. Y cuando me
cambió la voz tuve que estar dos o tres años sin cantar
trabajando de botones en Parrilla Riscal. Cuando se acabó
eso empecé a cantar para bailar.
-Ahí ha sido usted un todoterreno.
-La
verdad es que sí. Empecé con Caracolillo, el marido de
Juanita Reina. Y luego estuve con Mario Maya, El Güito y
Carmen Mora, que se llamaban el Trío Madrid. Después pasé
a trabajar con Los Bolecos, que eran Matilde Coral, Rafael
el Negro y Farruco. Y luego estuve con el antiguo
Farruquito, que era un tío del Farruquito actual que
murió.
-Vamos, que le ha cantado a una de las mejores
generaciones del baile.
-Le
he cantado a varias, porque después me fui a Japón a
trabajar con Antonio Canales y Joaquín Cortés. Y también
le he cantado a Javier Barón y a Javier Latorre. Pero
ahora suelo ir con Milagros Mengíbar, que para mí es única
en el arte de la bata de cola.
-¿Y
como cantaor oficial no tiene usted predilecciones?
-Yo
le canto a todo el mundo igual, a los que son mis amigos y
a los que no lo son.


