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En esta época de Carnavales, y
cuando aún está por llegar la Semana
Santa y la Rmería, es muy difícil escribir algo para el
programa de Feria que tenga cierta actualidad cuando vea la
luz en el mes de julio. Pero las exigencias son estas, hay que
seleccionar, organizar y maquetar la revista, para contar con
tiempo suficiente de ver las distintas pruebas de imprenta
hasta su edición definitiva.
Por
comodidad recurriría como casi es habitual, a un corto relato
sobre algo histórico de nuestra feria o pueblo, pero correría
el riesgo de caer en la repetición o en la saturación de
información, por eso he elegido un tema que considero vigente
en cualquier época de cualquier año.
Existe un
tipo de personas que por su afición, algunas veces desmedida,
les he querido dedicar estas líneas. Me estoy refiriendo a
estos personajes tan peculiares como son los esparragueros.
Nuestro
pueblo siempre ha sido prolifero, tanto en autóctonos como
visitantes, en personas que tienen esta actividad entre las
favoritas a la hora de llenar su tiempo de ocio. Tampoco
podemos olvidar a aquellos que se han dedicado o dedican a la
venta directa o rifa en bares, con el propósito de aliviar en
lo posible sus mermados ingresos mensuales.
Esta
actividad no tiene repercusión alguna en la naturaleza, ni
positiva ni negativa, sólo la perjudican las acciones de los
malos y egoístas esparragueros, los de la bolsa de plástico en
el bolsillo. No tienen escrúpulo alguno a la hora de coger las
puntas más pequeñas y blanquecinas, evitando el crecimiento y
desarrollo natural del tallo, y por supuesto, cuando algún
desarmado incendia un terreno, con el único propósito de que
aumente considerablemente la producción la temporada
siguiente.
No importa
que sean amargosos, trigueros o pericos, hay algunos
esparragueros que destacan por su gran habilidad, para
detectar esas verdosas yemas entre la espesura de la muy
ramosa y espinosa planta liliácea a varios metros de
distancia, sin tener la necesidad de agacharse a escudriñar la
mata. A lo largo de los años siempre han ido sonando algunos
nombres de personas a los que se le ha reconocido públicamente
esta facultad especial, siendo nombrados siempre con
admiración en los distintos círculos de aficionados.
En
la actualidad y sin que se me ofenda nadie, yo destacaría a
dos sobre el resto, Francisco Martínez López "el lobero"
y a Matías Chaves Santervás, a quién vemos en la fotografía
que ilustra este texto, con una maceta "de cine", todos
iguales y con un peso de 19,9 kilos. Estos esparragueros
serían medallas de plata y oro respectivamente, en caso de que
de una olimpiada se tratase.
Como
certificación de sus habilidades, podemos ver el gurumelo de
más de 800 gramos y el palmito de 5 kilos, trofeos del amigo
Matías.
¡FELIZ FERIA PARA TODOS LOS MINEROS!
Juan F. Rodríguez – Programa de feria 2006
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