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MANUEL CANTO SILES

 

Villanueva del Río y Minas esconde uno de los mayores tesoros arqueológicos de la Península Ibérica, la ciudad romana de Munigua. Uno de los hallazgos arqueológicos más importantes y que ha despertado el interés de grandes arqueólogos del mundo, por ejemplo el del Museo Arqueológico Alemán. Pero otra gran joya guarda en su interior esta antiquísima ciudad, el trabajo de un hombre cuya pasión por los restos encontrados desde hace años en este lugar lo hacen ser uno de los mejores expertos sobre esta ciudad romana.

Este trabajador nato es Manuel Canto Siles, más conocido por Quini, quien a sus 62 años ostenta el cargo de vigilante de Munigua así como capataz de las excavaciones arqueológicas que allí se llevan a cabo.

Casado y con dos hijos este minero de adopción, natural de Carmona, se trasladó, con apenas 8 años de su localidad natal a una finca de unas 3.000 hectáreas que se extendía desde Constantina hasta el Huéznar. "La Rilla", así era como se llamaba esta finca, fue el hogar de unas veinte familias que unidas por la situación en la que vivían se ayudaban unas a otras como si de una sola se tratase.

La infancia, auque muy feliz, estuvo caracterizada por el trabajo y la ayuda constante a sus padres para salir adelante. En esta zona de Las Minas encontraron la materia prima para el trabajo que realizaban, el carbón, y tras elaborarlo lo vendían. Se trasladaron a Villanueva del Río y Minas, un municipio que en aquella época tenía una gran vida gracias al buen funcionamiento de la minería.

Manuel, al igual que muchos, también aprendió todos los oficios del campo, "en aquella época debías aprender a hacer de todo ya que cuando se terminaba una cosa había que empezar con otra para así poder ganarse la vida".

Munigua aparece en su vida:

Pero el campo no era la único a lo que se dedicaba, hubo un tiempo en el que el guarde de Munigua, Félix Martín Villasanta, lo llamaba para trabajar como excavador en los restos de la ciudad romana. Fue en esos momentos cuando Quini comenzó a tener sus primeros contactos con Munigua. Unas experiencias esporádicas, ya que sólo se dedicaba a esto cuando no trabajaba en el campo. Esto ocurría en la década de los sesenta.

Poco a poco su interés fue creciendo, muestra de ello es la gran consideración que tanto el guarda como el jefe de la excavación tenían en él. Así, y dada la dedicación y el interés que ponía en su trabajo, comenzaron a darle "cositas" más complicadas que sabía resolver perfectamente.

Wilhelm Grühagen era el jefe de la excavación y el que en 1976 lo nombró capataz y guarda de Munigua, todo ello con el agrado del antiguo guarda. Desde entonces hasta ahora son casi treinta los años que lleva dedicados a esta gran pasión que es su trabajo.

Quini comenzó con este oficio sin saber en ningún momento que estaba descubriendo lo que sería su gran vocación. Como él mismo afirma "comenzar a trabajar allí fue como quitarme el yugo del campo, aquello comenzaba a gustarme, quería aprender más y más. Además, lo hacía bien, al menos es lo que decía el jefe de la excavación, y estaban muy contentos conmigo. Siempre me llamaban para descubrir lo que aparecía a la altura del pavimento. Lo hacía con mucho cuidado y con la mayor delicadeza para poder datar y documentar in situ las piezas que se hallaban".

Desde hace casi treinta años Munigua ha sido una de las partes fundamentales de la vida de Manuel, son muchas las anécdotas, las vivencias y las personas conocidas. No hay más que remontarse en el tiempo y saber que años atrás se hacían, por ejemplo, dos campañas arqueológicas al año de hasta 50 hombres. Hombre y mujeres que venían de todos los lugares del mundo para poder contemplar la maravilla que es Munigua.

Una de las anécdotas que Quini cuenta con cariño es la aparición de la cabeza del Emperador Domiciano en el Pozo de la Casa 6. "Tras comenzar a explorar el pozo uno de los excavadores me llamó corriendo diciéndome que había algo de mármol en el pozo, fue entonces cuando yo mismo le dije que bajaría al pozo para saber que era aquello. Cuál fue mi sorpresa cuando al empezar a descubrir me doy cuanta de que aquel trozo de mármol que habían encontrado los excavadores no era ni mas ni menos que la cabeza de una escultura, además, con una corona de bellotas muy singular".

Un gran amante de la naturaleza:

Manuel se considera un gran amante de la naturaleza, no sólo le gusta cuidar y guardar todo lo que hay en la zona en la que está enclavada Munigua, sino que además, le gusta explorar las tierras que allí hay, y descubrir cosas nuevas. Es el caso de dos tipos de Orquídeas que ha hallado, una de ellas es la Orquídea Abejera, y la otra es la Orquídea Italiana. Dos especies que han podido sobrevivir en esos terrenos gracias a que el lugar en el que se encuentran no es frecuentado por ganado que se las pueda comer.

Quini pronto cumplirá los 65 años, edad en la que oficialmente debería jubilarse, sin embargo, es algo que aún no ha decidido, en estos momentos prefiera seguir haciendo su trabajo como hasta ahora, hasta que llegue el momento de decidirlo.

Para Manuel, Munigua es un enclave maravilloso del que nunca se deja de aprender, algo que según él debería transmitírseles a los más pequeños desde los mismo colegios de La Mina. "Los niños deberían conocer Munigua, hacer excursiones, que los profesores les explicaran la importancia de este enclave arqueológico y que conocieran el trabajo de los arqueólogos en ese mismo lugar. Esto les serviría para apreciar lo que tienen tan cerca de ellos, así como para que lo cuiden y lo valoren cono deben".

En estos momentos Munigua está siendo estudiada desde el punto de vista de su contexto histórico-económico.

Noviembre 2005

 

 
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