ABC Domingo 22/05/2005.

 

 

 

ANTONIO GUERRA

Médico, escritor y catedrático de Lengua Francesa

 

“La peor epidemia que pervive en Sevilla desde   la Carrera de Indias es la envidia”

 

De Villanueva del Río y Minas, se licenció en Medicina y en Filología Francesa por la Hispalense. Fue médico en Pilas, Utrera y Dos Hermanas, ejerce desde hace años como periodista en diversos medios y acaba de publicar “Sevilla Hospital de India”.

Texto: José María Arenzana. Foto: Díaz Japón

 


 


-Cuenta usted que conoció en Vilcabamba, Ecuador, a un tipo de 124 años. ¿Cuál era su estado?

-Ni lo imagina. Consciente, con conversación fluida y una capacidad de pensamiento sorprendente. Las personas mayores conservan mejor la memoria remota y éste la tenía en perfectas condiciones. Y la memoria presente, también.

-Y usted le achaca tal longevidad al mestizaje...¿no es así?

-Sin ninguna duda. Participé en una investigación al respecto junto a sociólogos y médicos en varios países latinoamericanos cuyos resultados saldrán pronto. Comunidades en condiciones precarias, a veces con temperaturas extremas y faltos de proteínas en su alimentación, superaban la media de edad de los países más avanzados.

-O sea, el mestizaje fortalece a la especie. ¿Eso dice?

-Si. Fue el mejor patrimonio que dejamos allí... Sin saberlo, claro. (risas)

-Por eso cuando los europeos llegaron al Nuevo Mundo los indígenas morían a millares, ¿no es así?

-Si, no tenían el organismo preparado para defenderse de nuestros virus y bacterias, faltaba entrenamiento del cuerpo.

-¿Cuáles fueron las enfermedades más mortíferas en esos años?

-La influenza, o sea, la gripe, y el sarampión, que en ciertas regiones causaron millones de víctimas en mes y medio, sobre todo entre los niños.

-¿Y al revés?

-También importamos enfermedades que causaron algunos estragos en la península, sobre todo la fiebre amarilla y la malaria.

-La sífilis, por fin, ¿fue producto nacional bruto de los europeos o material de importación?

-Está por dilucidar. No hay certeza, pero existen datos para pensar que la causa del contagio y expansión de la sífilis por Europa se produjo durante el sitio de Nápoles, cuando batallaban las tropas francesas y españolas, Los españoles lo llamaban “el mal francés”, los franceses “el mal español” y durante mucho tiempo se le llamó “el mal de Nápoles”.

-A las diarreas aún las llaman en México “el mal de Cortés” y los españoles “el mal de Moctezuma”...

-Es lógico. Se exacerbaron a veces los hábitos alimenticios. La diarrea no es siempre culpa de lo que se coma, sino de lo que se está habituado a comer.

-Por cierto, dice en el libro que las indias preferían varón español a marido aborigen y que, una vez probado extraño, ellas entraban en una especie de furor uterino...

No es que prefieran al español por lo hermoso y bien dotado, sino porque el aborigen solía estar poseído por la coca y otras sustancias poco idóneas para asuntos de cama. (risas)

-Pero asegura que en cuestión de “tamaño”, los aborígenes ganaban por goleada a la tropa descubridora...

-Lo demuestran estudios de todo tipo, pero en tales menesteres no sólo importa el tamaño, también la dureza, en lo cual influye el consumo de hojas de coca y de otros alucinógenos.

-En aquel tiempo casi todo el mudo se rascaba, bien por chinches, por piojos, por erisipela, por varicela, por sarna... Un asco, vamos.

-El arrascar era en ese tiempo otra plaga. En las cárceles de Sevilla de alquilaban “arrascadores” para satisfacer el prurito y se originaban auténticas infecciones, en pústula y costra.

-Por entonces, el enfermo era siempre un pecador y su enfermedad la consecuencia del pecado...

-Si, eso se creía, hasta que la Medicina demostró que las enfermedades podían llegar a los más altos y virtuosos.

-Y en ese sentido, ¿cuál es el pecado o la epidemia más sevillana que aún persiste?

-En aquella época tal vez las bubas o peste, de la que hubo dramáticas epidemias en Sevilla en el siglo XVI, pero la peor que ha persistido hasta hoy es la envidia, y para eso no hay medicina.

-¿Cómo era el SAS de entonces en Sevilla y cuáles sus principales hospitales?

-Ya quisiera Gaspar Zarrías disponer del SAS que tenía Sevilla entonces, a pesar de no tener los conocimientos de hoy. El mejor era el de San Hermenegildo, llamado del Cardenal, que estuvo en la calle Relator. Además, las Cinco Llagas, San Cosme, San Lázaro...

-¿Quién sostenía esos hospitales?

-Sobre todo, la Iglesia. Y también la nobleza, que pretendía ganar parcelas del cielo aquí en la tierra mediante patronazgos y fundaciones. Llegó a haber en Sevilla 72 hospitales, algunos de sólo diez o doce camas, pero se cerraron muchos para reorganizar el sistema por consejo de Felipe II.

-¿Algún hallazgo destacable en la farmacopea de la época?

-Muchos. El uso de plantas medicinales importadas de Indias fue extraordinario. Médicos como Monardes y otros las aplicaron para el alivio del dolor y de muchas enfermedades.

-Y dice que Colón estaba de Sevilla hasta los ...”colones”,”no es eso?

-Y sus razones tuvo. Colón quiso que los viajes se iniciaran en Cádiz e incluso en Sanlúcar, para quitar la gloria a Sevilla. Tenía sus motivos, porque la ciudad le puso la proa por sus éxitos y todos sabemos cómo acaban aquí aquellos que no le caen simpáticos a cierta Sevilla eterna.

-También Cervantes y a Teresa de Jesús fue capaz esta ciudad de inflarles las narices sobremanera...

-Es sabida la anécdota de la Santa, que al llegar a Carmona se sacudió las sandalias para no llevarse consigo de aquí ni las miasmas. Cervantes, que sí se encariñó con la ciudad, porque iba más a su carácter, sabemos cómo terminó: en la cárcel de la calle Sierpes por una minucia, cuando en realidad otros robaban a manos llenas.

-¿Y cree que persisten aún aquellos rasgos del carácter sevillano que tanto le tocaron las narices a tan dignos personajes...?

-Es una constante de esa Sevilla que para muchos es un calvario.

-Aprovecha usted para aseverar, perdone que se lo diga de modo tan soez, que en Sevilla la cagamos siempre, sea en 1492, en 1929, en la Expo o en lo que esté por venir...

-A las cuentas me remito. Y si no que le pregunten a esos cuñados y hermanos que hicieron negocios dementes durante la Expo. O bien, al entonces comisario Manuel Olivencia, que dimitió para no soportar tanta inmoralidad.

-Así que, en su opinión, habría sido todo muy distinto si los Reyes Católicos le hubieran encomendado el monopolio de Indias a Barcelona.

-Naturalmente. Esta ciudad es para otras cosas por las que tiene renombre internacional y hay que cuidar, como la Feria, el Rocío... ¿A quién se le ocurre encomendar a una empresa contable y financiera de tal envergadura, que incluía seguros y reaseguros de naves y tripulaciones, a una ciudad como Sevilla? Eso, quien lo sabe hacer son los catalanes, que habrían evitado la bancarrota que terminó siendo para Sevilla.

-Pero tanta torpeza no será genética, ¿verdad?

-Pues mire, no sé, pero empiezo a sospechar, y temo por mi hijos (risas)

-En fin, que nuestra enfermedad no tiene cura. ¿Verdadero o falso?

-Viva la gallinita con su pepita... (risas) Si nos ha tocado vivir aquí, ya sabemos las consecuencias. O te atufas de azahar e incienso en ciertas épocas o vas de cráneo, con perdón.