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nº 76 marzo 2004 |
Desarrollo Sostenible |
José Hinojo de la Rosa |
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"S O L I D A R I D A D" |
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Los actos terroristas llevados a cabo en los trenes de Cercanías de Madrid, el pasado 11 de Marzo, dejaron grabadas, en la mente de los españoles y el mundo entero, una imagen dantesca. Al igual que las del otro 11 de septiembre, con la destrucción de las Torres Gemelas de Nueva York, centenares de personas perdieron sus vidas injustificadamente. El balance aproximado de víctimas en el atentado terrorista de la cercanía de Atocha ha sido de 200 muertos y casi 1.500 heridos, alguno de ellos de extrema gravedad. Lo de menos son los daños materiales, ya que tienen remedio. Existen otros daños que son el psicológico y moral, que dejan secuelas para toda la vida, causando gran número de víctimas. Son millones de espectadores, bien familiares u otras personas, que, voluntaria o involuntariamente, se ven vinculados a dicha barbarie, causada por fanáticos y sectarios criminales. Per a pesar de todo ello, hemos podido comprobar con satisfacción que todavía hay en el mundo solidaridad. Solidaridad la de esos centenares de voluntarios que se ofrecieron para prestar los primeros auxilios de la masacre, exponiendo sus vidas ante la incertidumbre de que estallara otro artefacto; solidaridad la de las personas que donaron su sangre para atender a los heridos; solidaridad la de los taxistas y hosteleros de Madrid que, gratuitamente, prestaban sus servicios a los familiares de las víctimas; y la de los vecinos cercanos a la tragedia, que acudían con mantas y agua para, de alguna manera, poder mitigar el dolor; la solidaridad del mundo entero, especialmente unido aun siendo de ideas distintas; solidaridad en las personas que se manifestaron contra el terrorismo y defendiendo la constitución. El rechazo a los criminales se debería seguir practicando. Existen muchas maneras de hacer daño a las personas, no solamente matando o destruyendo, sino también con palabras. Muchas veces, con tal de conseguir algún objetivo o por odio, hay quien, sin escrúpulos, no duda en desprestigiar al prójimo levantándole todo tipo de calumnias, dejándolos psicológica y moralmente heridos para todas sus vidas. Para mí esto es también terrorismo, porque es un acto de violencia ejecutado para infundir terror. Que bonito sería que todos los humanos nos comportásemos siempre solidariamente, como en esos días posteriores a la gran tragedia de Madrid. El mundo marcharía de mejor manera, sin odios ni rencores, sin envidias y ningún tipo de venganzas apocalípticas. |
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