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Villanueva del Río y Minas
Probablemente en
1621 debían hallarse en explotación algunas minas de carbón en
Villanueva del Río, ya que, por Real Cédula, se facultaba al licenciado
Pedro de Herrera para investigar un posible fraude "en las minas de
carbón de piedra descubiertas en término de Villanueva del Río". Pero es
en el siglo XVIII cuando se tiene noticias de la explotación de las
minas de Villanueva del Río.
Ya en el siglo
XVIII, de 1768 a 1770, se solicitaron cuatro registros mineros para la
explotación de los carbones de la cuenca minera de Villanueva del Río,
aprobándose sólo uno que dio lugar a la formación de una compañía, cuya
actuación no tuvo el éxito esperado por el mejor precio que tenía el
carbón inglés que llegaba a Sevilla.
Cuando en 1780
cesaron las importaciones, la vida de la compañía prosiguió, aunque no
pasaba de abastecer a media docena de fraguas de la provincia. Esta
iniciativa empresarial se enmarcó dentro de la Real Cédula que en 1771
permitía la explotación del yacimiento y estimulaba la acción de la
sociedad que pretendía beneficiarlo. Carlos III concedió la explotación
de los carbones de Villanueva y, se dio licencia para su aprovechamiento
libre de todo impuesto, salvo los generales, durante 20 años para todas
las minas de homagüera por Cédula Real de 1780.
En 1787 la cuenca
fue visitada por Fernando Casado de Torres, del Cuerpo de ingenieros de
Marina, en cuyo informe recomendó "convertir en coque el carbón obtenido
en el yacimiento de Villanueva del Río", a la vez que desde la
Secretaría de Marina comenzó a impulsar su prospección y
aprovechamiento.
A
la vista del interés suscitado, en 1790 Pedro Henry presentó a la
Sociedad Patriótica de Sevilla, una memoria descriptiva encargada por el
Consejo Superior. A partir de este hecho, la sociedad inglesa titular de
las minas de Río Tinto se interesó por el carbón de Villanueva para
abastecer sus instalaciones de tratamiento de mineral cobrizo, pero el
asunto no progresó y la actividad minera de la cuenca carbonífera fue
mínima.
En
1804 se dicta una Instrucción sobre la forma de laborear las minas de
Villanueva, a la vez que los vecinos vieron consagrados sus derechos a
la explotación de las minas; a partí de entonces se ejecutan los
primeros trabajos subterráneos abasteciendo el mercado de Sevilla y,
ocasionalmente Cádiz y Málaga. Sin embargo el interés por esta cuenca no
surgió hasta 1817 o 1818, aunque las actividades mineras no fueron de
importancia debido sobre todo por la inexistencia de un mapa topográfico
de la zona, cuya elaboración no se culminaría hasta 1828. Desde 1829 la
parte más considerable de la cuenca estuvo en manos de la Real Compañía
del Guadalquivir, por privilegio concedido 10 año antes, aunque la
explotación estuvo inactiva hasta 1821 y parte de 1822. Por esta época
también funcionaban las minas de Cristóbal Rodríguez Codón, la de
Antonio Fajardo y la de Cristóbal Cañete, denominado La Vereda, que no
producía en los años de 1835 y siguientes. Debido a los problemas de
inundación, estas minas sólo se trabajaban en el verano, realizándose el
desagüe mediante "aguadores" en relevos de doce horas, salvo en una mina
la Compañía del Guadalquivir, que en 1831 instaló la que posiblemente
fuera la primera máquina de vapor montada en una mina de España.
Estas minas cobraron interés con la construcción
del ferrocarril de Sevilla a Córdoba, iniciada en 1856 por capital
francés. Ello indujo a M. Pereire a la adquisición de las minas de La
Reunión (en torno a las cuales surgiría la población de Villanueva del
Río y Minas) que, en opinión de entonces, no eran lo mejor de la cuenca.
Sin embargo Pascual Madoz, en su Diccionario Geográfico, Histórico y
Estadístico (1845 - 1850) afirma en ellas: "
A la
distancia de una legua (de Villanueva del Río).....".
Detenida la explotación por motivo de las aguas, tanto en las minas de
La Reunión como en las de la Real Compañía del Guadalquivir, la sociedad
francesa bajo la dirección de Pereire, efectuó una instalación de
desagüe en regla, poniéndose en marcha una explotación minera formal. Lo
mismo intentó hacer la Real Compañía del Guadalquivir pero endeudó
excesivamente, lo que la obligó a vender las minas y la línea férrea a
la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante (M.Z.A.)
en la décadas 1870.
Ya
en el siglo XX, durante el primer tercio la producción anual del carbón
se mantuvo en unas 200.000 Tm. anuales. Más tarde, tras la
estabilización del negocio de los ferrocarriles, las minas pasaron a la
titularidad de Renfe, quedando incluidas en el patrimonio nacional,
dentro del Ministerio de Hacienda. La Renfe administró la mina de 1969 a
1972, año en la que se cerró. Posteriormente, hubo trabajos a cielo
abierto que dieron lugar al abandono definitivo de la cuenca.
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