Una vez ubicados en el contexto histórico de las
explotaciones mineras de La Reunión y de su empresa propietaria,
retrocederemos en el tiempo hasta situarnos en la madrugada del día 28
de Abril de 1904, fecha del fatal siniestro.
Jueves 28 de Abril de 1904. Estalla la tragedia
5 de la mañana. A esta hora terminan los trabajos
de un relevo. Los mineros se van agrupando al pie del plano inclinado
principal que pone en comunicación una de las zonas de la mina con la
galería general de transporte y que sirve dos niveles a 40 metros en
la vertical del pozo número 5. Instantes después se produjo una gran
explosión, cuyo origen estuvo en una galería de entreplanta de este
plano, la cual tenía otra descendente, único lugar dónde pudiera
haberse acumulado cierta cantidad de gas, a pesar de estar provista de
un ventilador manual, ya que tenía 15 metros de longitud y le faltaban
solamente 5 o 6 para romper.
Plano de situación de los pozos
Junto al ventilador se encontró el cadáver del
operario encargado de manejarlo, posiblemente un muchacho de corta
edad, quien abatido por la fatiga debió quedarse dormido. Al
despertar, abrió su lámpara* para encender un cigarrillo (junto a él
se encontró la lámpara de seguridad abierta y papel de fumar en el
suelo)**, provocando la fatal deflagración. Es muy probable que
durante su sueño se acumulara cierta cantidad de grisú***, que aunque
se presume no fue demasiado elevada, al mezclarse con el polvo de
carbón en suspensión y depositado (la zona donde se originó era muy
seca y la capa de carbón muy potente, de hasta 5 metros) provocó una
onda de fuego que se propagó rápidamente, originando la gran tragedia.
Parece ser que la explosión no fue de gran
magnitud, pero provocó un derrumbe en la encrucijada del pie del plano
inclinado, interrumpiéndose la ventilación y generando una atmósfera
irrespirable que causó la muerte por anoxia de aquellos desgraciados
mineros. No fueron muchos los cadáveres recuperados con quemaduras o
lesiones, así como tampoco se observaron daños materiales de
importancia. Dónde más cadáveres fueron encontrados fue al pie del
plano inclinado y en el emboquille de las galerías de la entreplanta,
sin que se apreciaran cuadros rotos ni caídos, y solamente se pudo
constatar que en una sola cara de ellos, la enfrentada a la dirección
de la explosión, había polvo de carbón quemado.
EMV, 29-4-1904
Dos horas más tarde se restableció la ventilación,
y los equipos de salvamento, provistos de sacos de oxígeno, pues la
atmósfera aún resultaba peligrosa y densa, pudieron comenzar con la
dura tarea del rescate de víctimas mortales y heridos.
En contra de las primeras informaciones que
circularon por la localidad y que algunos medios de información
recogieron, ni se produjo incendio relevante alguno, ni salieron
llamas ni humos por los pozos, ni se escucharon detonaciones, ni hubo
hundimientos de magnitud en las galerías, hasta el punto de que los
trabajos en la mina bien pudieron haberse reanudado inmediatamente
después de haberse reemprendido la ventilación.
El diario El Correo, en su edición de noche de este
mismo día señalaba que había recibido por conferencia telefónica a las
16´20 horas las primeras cifras del accidente: 25 cadáveres en una
mina de Belmez. En la misma edición, y en distinta sección, se recogía
otra noticia recibida por telegrama a las 19´20, señalando que “La
explosión en una mina de Belmez ha sido confirmada por el Gobernador
Civil de Sevilla, quien se había desplazado de inmediato hacia el
lugar del suceso”. Evidentemente, se trata de un error
geográfico de bulto, doblemente repetido, y posiblemente debido a un
lapsus del informante o a la urgencia y dificultad de comunicaciones
entre Villanueva y la capital, ya que dudamos mucho que el Gobernador
de Sevilla diese tal noticia, máxime cuando Belmez pertenece a Córdoba
y no a Sevilla. Este diario coincide con el anterior en el balance
provisional de víctimas, e informa que el Ministro de la Gobernación,
el Sr. Sánchez Guerra, había dispuesto el socorro a las familias de
los mineros.
El Correo, 28-4-1904
El Correo, 28-4-1904
* Los sistemas de ventilación y los medios de
alumbrado siempre se ajustaron a la normativa vigente en materia de
seguridad, siendo siempre motivo de atención por parte de la empresa,
hasta el punto de haber sido una de las primeras compañías en
sustituir las lámparas de seguridad de gasolina por las eléctricas
(1891), siendo por tanto una de las pioneras en la introducción y uso
de los más modernos y seguros aparatos de alumbrado. Ignoramos que
tipo de lámpara usaba el minero en el momento de producirse la
explosión, pero si era de seguridad y con arreglo a lo preceptuado en
los reglamentos de Policía Minera, resulta sorprendente que el
trabajador lograse abrirla con métodos ordinarios.
** Tampoco deja de sorprender como, tras producirse
la deflagración y el consiguiente incendio, al efectuarse el
reconocimiento ocular del lugar del siniestro, aún se encontraran
junto a la víctima papelillos de fumar que, por lógica, debieron
volatilizarse a consecuencia del fuego.
*** Según los análisis efectuados por los
laboratorios de La Reunión, los tantos por ciento de grisú oscilaron
entre el 0´09% y el 0,72%, contrastando con los obtenidos por la
memoria de la Comisión Nacional del Grisú, quien los estimó en 1,02%.
A la vista de estos porcentajes, no pueden ser consideradas estas
minas como muy grisutosas, pues no hay que olvidar que para que el
grisú se inflame ha de hallarse en concentraciones del 6% o
superiores.
Viernes 29 de Abril de 1904. Primeras noticias
La noticia del accidente se difunde rápidamente por
todo el territorio nacional. El Mercantil Valenciano publica una
escueta nota en su edición del día 29, dónde se dice que el Gobierno
estaba muy impresionado por lo ocurrido en Sevilla, y del que había
sido informado por los despachos que se habían recibido en el
Ministerio de la Gobernación. El rotativo daba un balance provisional
de 53 muertos y 10 heridos leves.
Otro medio de comunicación, El Pueblo, informaba
desde Sevilla que sus colegas de El Heraldo habían colocado en la
vitrina de la fachada una escueta nota dando cuenta de la explosión en
una mina, apenas unas pocas horas antes, y que suponían era la de
Bolines (¿?), de la cual ya habían sido rescatados 25 cadáveres. Como
quiera que la noticia no hubiera llegado a través del telégrafo, se
indago en diversos centros mineros, comunicando todos ellos la más
absoluta normalidad. A continuación, y en la misma columna, se
relataban detalles del accidente, en una dramática descripción que
contrasta con el informe oficial. Se habla de una espantosa explosión
provocada por un minero que se acercó a la boca del pozo con un farol
encendido, provocando con ello la detonación y quedando “horriblemente
carbonizado”. También se asegura que los derrumbamientos en el
interior aplastaron a los cuerpos ya carbonizados de los desgraciados
trabajadores, que presentan un horrible aspecto al estar todos
quemados y magullados. Por último, se describe como “las familias
de los desgraciados obreros sepultados en la mina agólpanse al borde
de las tierras desprendidas, con la ansiedad angustiosa de ver extraer
a los suyos, produciéndose desgarradoras escenas cada vez que un
cadáver es extraído entre los escombros”. Concluye el rotativo
afirmando que tanto la extracción de los muertos como su
identificación es tarea dificultosa a causa de los desprendimientos y
al estar los cadáveres muy desfigurados por las quemaduras.
Bajo el titular de “La hecatombe de ayer”, será de
nuevo el diario El Correo quien nos dé más pormenores y detalles del
siniestro. En primer lugar, informa de que “cumpliendo el acuerdo
tomado en el Consejo de Ministros, se ha telegrafiado al Ministro de
la Guerra para que informe a S.M. El Rey, de viaje por Andalucía, de
la catástrofe de La Reunión. La propuesta que hace el Gobierno al Rey
es que, cuando visite Sevilla, se dirija al lugar de la catástrofe,
aunque esto suponga demorar algo su viaje, socorriendo a las familias
de los pobres mineros muertos en el fondo de la tierra”.
La Hecatombe. El Correo, 29-4-1904
En un alarde de ingenuidad, el redactor afirma que
“no cabe duda que D. Alfonso aceptará la proposición de su
gobierno, y acudirá a mitigar con sus socorros las lágrimas de las
familias de los muertos”.
Se recoge igualmente la presencia en las minas del
Gobernador de Sevilla, “repartiendo socorros y dictando
disposiciones”. “Hasta el momento, son 63 los cadáveres recuperados,
aunque se espera que el número total de fallecidos supere el centenar.
Quedan aún galerías en llamas, donde es imposible penetrar y dónde se
cree hay más cadáveres. Se informa de la muerte de los capataces que
estaban al frente de las brigadas, y de que entre los muertos figuran
algunos niños, que se dedicaban a trabajos secundarios”.
El diario se hace eco de las declaraciones de
algunos supervivientes, que dicen “haber escuchado una explosión
sorda que, tras recorrer galería tras galería, se perdió a lo lejos,
seguida de una fuerte conmoción y el desplome de grandes masas de
tierra y mineral”. Termina el cronista el artículo con una
desgarradora descripción de cómo “centenares de mujeres y niños
lloraban angustiadísimos, y sus gritos de dolor atronaban el espacio,
percibiéndose a grandísima distancia”.
En una conferencia telefónica de urgencia, recibida
a las 18´20, se aportan nuevos datos: “han aparecido cinco
cadáveres, fuertemente abrazados; en el pozo nº 7 han hallado siete
fallecidos más; la Guardia Civil custodia los carros que transportan a
los fallecidos hasta el cementerio”..., y acaba esta nota de
urgencia ofreciendo el dato preciso del lugar del accidente: entre los
pisos 11 y 12 de la contramina. En esta noticia encontramos, de nuevo,
otro error, ya que el pozo nº 7 no sería puesto en funcionamiento,
según las Memorias de la Compañía, hasta 1928, aunque la fecha que
aparece en la piedra llamada clave (pieza en forma de cuña que encaja
entre los dos conjuntos de dovelas) de uno de los arcos del pequeño
edificio de mampostería que cubre la caña del pozo que sirvió como
soporte del castillete metálico, ya desaparecido, es 1931.
En otro orden de cosas, es fácil deducir que esa
identificación de los fallecidos se haría más en base a las listas de
trabajadores presentes en el relevo y el reconocimiento directo por
parte de familiares o compañeros que a una práctica forense minuciosa
y científica. El médico de la empresa, aunque se hubiese visto
auxiliado por otros facultativos venidos al lugar de la accidente, no
habría tenido posibilidad material ni tiempo en efectuar las
preceptivas tareas de reconocimiento basadas en observaciones físicas,
pruebas dentales y óseas o identificaciones “in situ”. Estas
circunstancias, añadidas al estado en que se encontrarían muchos de
los fallecidos, obligarían a tener que dar sepultura a los muertos con
la mayor urgencia. Posiblemente, este enterramiento se realizaría en
una fosa común ya que la economía familiar de los mineros no
permitiría, en la práctica totalidad de los casos, la adquisición de
nichos o sepulturas individuales.
Sábado 30 de Abril de 1904. Sepelios, drama, dolor
Las horas han ido transcurriendo y las
informaciones van siendo más exactas y veraces. Los periodistas han
tenido tiempo para desplazarse hasta el lugar de los hechos y las
noticias que remiten vía telégrafo o teléfono son de primera mano, lo
que no quita que se exageren en cierta medida o se narren situaciones
no exactamente comprobadas.
Desde Villanueva del Río, un redactor de El
Noticiero Sevillano, resume las noticias producidas hasta ese momento
del siguiente modo: “Se han celebrado en Villanueva de las Minas
solemnes funerales en sufragio de las víctimas de la catástrofe de la
mina Reunión. Ha presidido el Gobernador, el Alcalde y el Senador Sr.
Moreno Rivas. De los obreros que se hallaban en la mina cuando ocurrió
la explosión, hay 17 supervivientes. De ellos, 15 ilesos y dos
levemente heridos. El espectáculo que ofrece el lugar es aterrador.
Esta mañana salieron tres carros cargados de cadáveres hacia
Villanueva. Les seguían las familias y muchos compañeros. En el pueblo
reina gran consternación. Esta mañana han sido hallados 5 cadáveres
más. La catástrofe ocurrió en una galería del segundo piso, a unos 270
metros de profundidad, y a dos kilómetros de distancia de la boca del
pozo de entrada. Atribúyese a un descuido del encargado del
ventilador. Parece que se quedó dormido, dejando que se acumulasen
gases. Al despertar abrió el farol para encender un cigarro y
explotaron los gases. Dos obreros, padre e hijo, murieron fuertemente
abrazados. Había 82 obreros en el interior de la mina cuando ocurrió
la catástrofe. Con los mineros han muerto también los capataces que
mandaban las brigadas. Entre los mineros había algunos niños que se
dedicaban a trabajos secundarios. El suceso ocurrió a las 4 de la
madrugada. Solo trabajaba una pequeña brigada. Si hubiera ocurrido la
explosión en pleno día, la catástrofe no cabe duda de que hubiese sido
aterradora. La galería donde ocurrió la explosión mide 60 metros.”
Funerales. La Voz de Valencia, 1-5-1904
EMV, 30-4-1904
La práctica totalidad de los rotativos nacionales
van aportando, con mayor o menor alarde tipográfico, detalles de lo
ocurrido. Se habla ya de 57 muertos, de los que pronto se conocerán
sus nombres y número exacto, “al haberse encontrado una lista con
los nombres de los trabajadores en uno de los bolsillos de un capataz
que murió a causa de la explosión.”
El corresponsal del diario El Correo, transcribe
las palabras del Jefe del Gobierno, Sr. Maura, quien asegura que “cuando
el Rey vaya a Sevilla visitará a los heridos a consecuencia de la
explosión en las minas de La Reunión que se hallan en el Hospital
Provincial”.
Sin embargo, la agencia Mencheta, en un despacho
remitido a las 22´55 de la noche del día anterior, informaba de que
“los ministros han dicho que el Rey no irá a visitar la mina Reunión,
donde ha ocurrido la catástrofe, por no poder variar el itinerario del
viaje.”
Domingo 1 de Mayo de 1904. El silencio
Apenas hay nuevas noticias. El diario El Pueblo
publica en una columna, y con el ya clásico estilo telegrama, lo
siguiente: “Han sido extraídos dos cadáveres más. Han sido
enterrados en cuanto han sido identificados. No vendrán muchos
forasteros, temerosos de las consecuencias de la actitud del
Gobernador Militar. El Gobernador Civil tampoco asistió a la procesión
cívica. Parte de los elementos reaccionarios propónense venir mañana.
Témense desordenes.”
El Pueblo, 1-5-1904
Ignoramos lo que sucedió el día 30 y que este
diario publicó al día siguiente. Ningún medio de comunicación de los
consultados hace mención alguna a desórdenes o alteraciones del orden
público, ni tampoco conocemos cual fue la actitud del Gobernador
Militar, aunque todo parece apuntar que guarda relación con la
procesión cívica.
Ese mismo día se encuentra en Sevilla Pablo
Iglesias, celebrando la Fiesta del Trabajo.
Lunes 2 de Mayo de 1904. Solidaridad con las
víctimas.
En Valencia se anuncia una función benéfica en el
Teatro Principal organizada por la Juventud Democrática para el
próximo sábado día 7, donde intervendrá el Orfeón Catalán.
Función benéfica. El Correo, 2-5-1905
También los socios de los Coros Clavé de Barcelona
quieren sumarse a las acciones solidarias a favor de las víctimas y
sus familias, y para ello anuncian que llevaran a cabo una postulación
por las calles el próximo domingo día 8.
Los Coros Clavé. El Correo, 3-5-1904
Han pasado ya casi cinco días y las noticias que
llegan desde las minas de La Reunión son cada vez más escasas,
limitándose a aparecer en los medios pequeños párrafos de no más de
cinco líneas.
Miércoles 4 de Mayo de 1904. Lerroux en las minas
El diario republicano El Pueblo publicaba en la
primera página de la edición del Miércoles día 4 la visita giraba por
Alejandro Lerroux a las minas de Villanueva del Río, quien se supone
llegaría a la localidad el lunes día 2. La narración de esta visita es
anunciada por el rotativo con un gran titular, y será el propio
Lerroux quien narre lo comprobado durante su viaje de inspección a las
minas de La Reunión. El artículo es anunciado por el diario con estas
palabras: “Nuestro querido amigo, el batallador diputado
republicano, que marchó a Sevilla en cuanto tuvo noticia de lo
ocurrido en la mina de La Reunión, dice lo siguiente respecto a las
causas de la catástrofe”, para transcribir a continuación las
impresiones del líder obrero, quien explica lo siguiente:
Cabecera de El Pueblo
Lerroux en las minas. El Pueblo, 4-5-1904
Lerroux en las minas. El Pueblo, 4-5-1904
“Durante dos días he visitado Villanueva de las
Minas, lugar de la catástrofe. Ayer tarde descendí, acompañado por una
comisión de obreros, hasta la planta, situada a 250 metros de
profundidad, donde ocurrió la tragedia.
Recorrí todas las galerías, examiné los cañones
aptos para la ventilación y los trabajos y excavaciones en el
desprendimiento
El aspecto general no revela la catástrofe
ocurrida.
Esta ha sido eminentemente burguesa. Daños
materiales, ninguno.
El número de obreros muertos que se han
encontrado es de 58. Heridos, un niño, y un hombre horriblemente
quemado.
La población obrera, que comprende a 1.500
hombres y a 500 mujeres o niños, estaba completamente aplanada por el
desastre horrendo.
Hemos conseguido reanimarlos.
Las operaciones de salvamento, practicadas por
obreros voluntarios, resultaron heroicas, viéndose altísimos ejemplos
de abnegación.
El capataz Álvarez y el obrero Chacón salvaron a
cuatro compañeros cada uno, cayendo asfixiados las cuatro veces.
Otro obrero dedicado al salvamento fue recogido
exánime, si8endo imposible reanimarlo.
La asistencia facultativa es esmeradísima y
puntual, como si estuviera previsto el día y hora de la catástrofe.
La farmacia y el hospital están admirablemente
organizados. Parece que la empresa pone más cuidado en curar lisiados
que evitar víctimas.
En las excavaciones nuevas, la ventilación es
escasa o nula. El calor, horrible.
La ventilación artificial en las galerías
empezadas estaba a cargo de un niño. Como este fatigóse, descuidó el
trabajo y cesó de funcionar el ventilador. En un instante se acumuló
el gas grisú.
Ignórase cómo se inflamó, suponiéndose que por
contacto con el fuego de un cigarro prodújose una explosión tan sorda
que no la oyeron fuera de la mina, ni siquiera los empleados del pozo
maestro, ni aún el capataz que trabaja más cerca.
La explosión fuerte hubiera incendiado las
maderas de la entibación y la capa carbonífera.
Supónese que solamente causó el desplome del
cruce de las galerías, obturando la en que trabajaban las víctimas y
que se incendió el polvo de carbón que se halla en suspensión en el
aire. El fuego consumió el oxígeno y determinó la asfixia de los
obreros.
La ola de fuego recorrió los lugares donde se
trabaja, produciendo todo el desastre.
Declaran los obreros que se descuida la
ventilación, dejándose en las entibaciones vanos que deberían
rellenarse y que por no hacerlo son depósito de grisú y constante
amenaza.
La impresión mía es que la responsabilidad de la
empresa es evidente, y la de los trabajadores se limita a su desprecio
por el peligro. Y el peligro se anula evitando por medio de
ventilación suficiente y bien distribuida, la acumulación de grisú.
La ventilación es cara.
Debo añadir que, habiendo visitado otras minas,
las hay peores. En estas se cometen iguales faltas que en todas,
contra la seguridad y la vida de los obreros.
Visité a los heridos en el hospital,
socorriéndolos en nombre de los republicanos de Barcelona.
Dirigí la palabra a los obreros, saludándoles en
nombre de Salmerón y animándoles en representación del partido.
Las familias de las víctimas ofrecen un
espectáculo desconsolador.
Lerroux
A continuación, el diario añadía un párrafo donde
decía: “Comparen los obreros españoles la conducta de un diputado
de la República que acude presuroso a prestar su apoyo y de su partido
a las familias de las víctimas de Villanueva, con la observada por
nuestros gobernantes que, hallándose a dos pasos del lugar del suceso
acompañando a su rey, desdeñánse de visitar la referida comarca y
dedicar a las familias de los muertos algunos ochavos.
En cambio, ministros y rey, presencian corridas
de toros, oyen con resignación cristiana los consabidos “Tedeums” y
visitan nuestras posesiones de África para despedirse de ellas, ya que
dentro de poco nos arrojarán de allí a puntapiés otras naciones menos
católicas, pero más progresivas y poderosas”.
Llegados a este punto, quizá sea conveniente
detenerse momentáneamente para profundizar en la figura de Alejandro
Lerroux.
Alejandro Lerroux García (La Rambla, Córdoba, 1864
- Madrid, 1949), hijo de un veterinario militar, comenzó la carrera de
las armas, pero la abandonaría muy pronto. Se licenció en Derecho, y
desde su juventud militó en los partidos republicanos, siguiendo a
Manuel Ruiz Zorrilla. Se dedicó al periodismo, desarrollando un estilo
agresivo y populista; dirigiría varias publicaciones, entre ellas
El País, El Progreso, La Publicidad, El
Intransigente y El Radical. Varias veces detenido y preso,
impenitente duelista a la usanza romántica, se estableció en
Barcelona, donde fue nombrado director del diario La Publicidad.
Con sus campañas, duramente anticlericales y populistas, se ganó al
ambiente obrero, y llegó a ser llamado el Emperador del Paralelo,
sector barcelonés de alegre vida nocturna. Las campañas de su
periódico produjeron disturbios de carácter antimilitarista y
anticatalanista, contrarrestados por fuertes reacciones de otros
sectores opuestos. Fue elegido diputado por primera vez en 1901; y de
nuevo en 1903 y 1905, en las candidaturas de la Unión Republicana que
había contribuido a formar junto con Nicolás Salmerón. La defección de
éste hacia la coalición Solidaridad Catalana en 1906, llevó a Lerroux
a separarse, formando el Partido Republicano Radical (1908) y
encabezando la lucha contra el creciente nacionalismo catalán.
Hubo de exiliarse en varias ocasiones, primero para
escapar a la condena dictada por uno de sus artículos (1907) y más
tarde huyendo de la represión gubernamental por la Semana Trágica de
Barcelona (1909). De vuelta a España, aceptó entrar en la Conjunción
Republicano-Socialista, con la que volvió a ser elegido diputado en
1910. Desde entonces se vio envuelto en una serie de escándalos que le
alejaron de su electorado barcelonés, entre acusaciones de corrupción
(hasta el punto de que hubo de cambiar de distrito, presentándose por
Córdoba en 1914).
Bajo la dictadura de Primo de Rivera (1923-30) su
partido se vio debilitado por la escisión de los Radical-Socialistas
de Marcelino Domingo (1929). No obstante, continuó en la política
activa, participando en el comité revolucionario que preparó el
derrocamiento de Alfonso XIII y la proclamación de la Segunda
República en 1931.
En el régimen republicano desempeñó un papel
político de primera fila. Formó parte de la coalición de izquierdas
que sostuvo las reformas del gobierno Azaña durante el primer bienio
(1931-33), en el que participó personalmente como ministro de Estado
(1931). Pero fue derivando hacia posturas de derechas que le acercaron
a la oposición, pasando en 1933-36 a formar parte de la mayoría
conservadora que accedió al poder; fue tres veces presidente del
gobierno entre 1933 y 1935 y ocupó carteras ministeriales tan
destacadas como la de Guerra (1934) y la de Estado (1935).
Tras señalarse en la represión del intento de
revolución obrera de 1934, quedó de nuevo desacreditado ante la
opinión pública por el escándalo del estraperlo (un caso de
corrupción ligado al negocio del juego), que acabó por romper su
alianza con la derecha y deteriorar incluso su posición dentro del
partido. En las elecciones de 1936 ni siquiera salió elegido diputado
y, cuando aquel mismo año estalló la Guerra Civil (1936-39), prefirió
ponerse a salvo en Portugal. Regresó a España en 1947, habiéndose
reconciliado con los líderes del alzamiento militar del año 1936.
Fallecería dos años más tarde.
Jueves 5 de Mayo de 1904. La catástrofe, en ABC*
y Nuevo Mundo
ABC
Este semanario, de muy reciente creación (solo
llevaba apareciendo un año), publicó en la página 8 del número 107, de
fecha 5 de Mayo, tres fotografías del lugar de la tragedia, con un
escueto pie de foto y sin texto que las acompañara. En una de ellas
aparece una vista general de las minas, seguida de otra, perteneciente
al pozo nº 5, dónde indica, erróneamente, que son 71 el número de
mineros fallecidos, y por último, una tercera imagen dónde posan un
grupo de mineros delante del embarque del pozo número 5. El titular de
la noticia rezaba: La catástrofe de las Minas de La Reunión. Ese fue
todo el espacio dedicado por el semanario, sin que volviera a aparecer
noticia alguna de la hecatombe minera en números sucesivos.
ABC nº 107. Mayo,
1904
Mineros en el pozo nº 5. ABC, nº 107. Mayo, 1904
ABC, nº 107. Mayo 1904
ABC, nº 107. Mayo 1904
* ABC fue fundado en Madrid el 1 de enero de 1903 por
Torcuato Luca de Tena y Álvarez-Ossorio. Empezó siendo un semanario,
para pasar a ser bisemanario el 16 de junio del mismo año,
apareciendo, desde el 1 de junio de 1905 como diario.
Nuevo Mundo y la entrega de la Suscripción Real.
Sin que sepamos con precisión en qué día se
efectúa, la popular revista ilustrada que dirigía Francisco Verdugo,
Nuevo Mundo, dedicó dos páginas, ampliamente ilustradas con
fotografías que hoy cobran un indudable valor histórico, a la
presencia en Minas de La Reunión de políticos y periodistas, como
integrantes de la comisión portadora de socorros para los
damnificados.
En dos páginas, repletas de fotografías, da cuenta
de la entrega del importe de la suscripción a las familias de los
damnificados. En la primera aparece una vista general del pozo nº 5,
junto a otra del minero Manuel Krenes, uno de los pocos supervivientes
de la tragedia. La tercera de las imágenes la componen un grupo de
periodistas y diputados, junto al alcalde, el cura párroco, el médico
y el ingeniero jefe de la empresa. La foto se tomó en las escuelas,
lugar donde se efectuó el reparto de socorros. El grupo esta formado
por Pedro Rodríguez de la Borbolla, Pedro de León, Andrés Tassara,
Antonio Mejías, Anselmo González y Juan J, González Mariño, en
representación de los diputados todos ellos. Los periodistas que
prestaron apoyo a la iniciativa estuvieron representados en dicho acto
por el Sr. García Orejuela (El Liberal), Pérez Rojas (El Noticiero),
Sandino (España) y Carlos L. Olmedo, delegado en Sevilla de “El
Gráfico” y de la revista “Nuevo Mundo”.
Nuevo Mundo, 1904
Nuevo Mundo, 1904
La segunda página incluía varias dramáticas
imágenes: la de dos huérfanas de 17 y 18 años a las que se les asigno
una dote de 500 pesetas a cada una, otra del niño José Guijarro, que
pasaría a ser educado con los Padres Salesianos por haber quedado
huérfano, y otra fotografía de un patético grupo formado por una viuda
de minero, Manuela Falcón, junto a sus dos hijas de corta edad, a
quienes les correspondieron 250 pesetas a cada una. En otra de las
fotos aparecía el grupo familiar compuesto por Manuel Krenes, su mujer
y sus tres hijos, a quienes les entregaron 350 pesetas. Se da la
circunstancia de que este desdichado obrero perdió la razón a
consecuencia de las terribles heridas padecidas, sin que los esfuerzos
médicos del Dr. Guillermo Fernández pudiesen hacer nada para su
recuperación.
Acompaña a todas estas ilustraciones un texto donde
se narra el modo en que fue recibida la comisión a su llegada a
Villanueva, para pasar a continuación al Teatro-Escuela, en donde
procedieron a la entrega de los donativos, repartidos del siguiente
modo: 150 pesetas a cada viuda, 100 a los padres y 25 a cada uno de
los hijos de obreros muertos. Como quiera que hubo un remanente de
5000 pesetas, se decidió ingresarlo en cartillas del Monte de Piedad,
de 500 pesetas para las viudas que estaban embarazadas, de 250 para
las huérfanas que primeramente contraigan matrimonio y de 625 para los
niños Nicasio García y Antonio Guijarro (quizá se trate del mismo que
aparece en la foto central con el nombre de José), ambos huérfanos de
padre y madre. A todos estos donativos, la Diputación Provincial de
Sevilla añadió 1000 pesetas para que fuesen repartidas entre once
familias damnificadas.
La comisión giró una detenida visita a las
instalaciones mineras, siendo “cariñosamente recibidos” por los
1.500 mineros que en ellas trabajaban, recogiendo además todo tipo de
elogios por su iniciativa.
Viernes 6 de Mayo de 1904. ¡A la huelga!
Estalla la huelga. El Correo,
5-5-1904
Lo que era previsible, sucedió. Los mineros de La
Reunión declaran la huelga, reivindicando una disminución del horario
laboral que para entonces, como ya hemos indicado, estaba estipulado
en 10 horas productivas y 11 horas y media de presencia en la mina.
Bajo la constante vigilancia de la Guardia Civil, muchos obreros
abandonan la zona, al coincidir con la llegada del buen tiempo en el
que muchos de ellos abandonan las labores mineras para dedicarse a la
agricultura. Se estimaba en más de 400 los que habían partido hacia
sus pueblos solamente el día anterior.
Huelga. EMV, 6-5-1904
Este mismo día había partido hacia La Reunión una
comisión de ferroviarios, que además de llevar una corona de flores
dedicada a las víctimas, se proponía recabar datos acerca de la
tragedia y conversar con los mineros acerca de la conveniencia o no de
ir a la huelga.
El Correo, a través de su corresponsal en Sevilla,
aporta algunos datos sobre el desarrollo del primer día de paro. La
empresa decidió cerrar el economato, como medida de presión frente a
los mineros, pero la intervención del Gobernador Civil* fue decisiva
para que, tras una larga entrevista con el Director de la misma,
finalmente la compañía accediese a seguir manteniendo abierto dicho
economato, ya que de no hacerlo se hubiese agravado el conflicto.
Pese a ello, los mineros aseguraban disponer de los
socorros necesarios, llegados desde diversos lugares, para mantener la
huelga hasta lograr que fuese aceptada la reducción de jornada. Una de
las ayudas recibidas por estos fue la remitida por la empresa y los
trabajadores de los tranvías eléctricos de Sevilla, quienes les
cedieron la recaudación obtenida en un día. Las cigarreras sevillanas
(las populares empleadas de la Real Fábrica de Tabacos a las que alude
Merimeé en su celebérrima ópera “Carmen”) se ofrecieron a trabajar
como cobradoras en los carruajes, en solidaridad con sus compañeros,
pero cuando estaban dispuestas para subir a los coches, el alcalde
prohibió que lo hiciesen, orden esta que fue duramente criticada y
censurada por la opinión pública.
Apoyo a la huelga. El Pueblo,
7-5-1904
La Huelga. El Correo, 6-5-1904
Mientras tanto, los mineros de La Reunión afirman
que mantendrán su postura hasta que se acepten sus exigencias.
El sábado día 7, una comisión de trabajadores
mantiene una entrevista con el director de la compañía, manifestándole
la voluntad de los mineros de alcanzar cuanto antes un acuerdo. Sin
embargo, el alto directivo de la empresa advierte a los obreros que no
se les concederá mejora alguna hasta que no regresen a sus puestos de
trabajo, propuesta que los trabajadores rechazan de plano. Esta falta
de acuerdo entre las partes les fue transmitida de inmediato por el
telégrafo al Jefe del Gobierno, Antonio Maura, y a su Ministro de
Agricultura, Comercio, Industria y Obras Públicas, Manuel
Allendesalazar.
* El Gobernador Civil sería cesado en Octubre por
Antonio Maura, a raíz del escándalo suscitado por el “duelo a primera
sangre” entre D. Rafael de León y Primo de Rivera, Marqués de Pickman,
y el capitán de la Guardia Civil Vicente Paredes, en el que hallaría
la muerte el primero de ellos. El Alcalde de Sevilla, Joaquín Molero,
presentaría la dimisión por los mismos hechos.
21 de Mayo de 1904. Regresa Lerroux a las minas
La agencia Mencheta anuncia en las ediciones
vespertinas la salida, al siguiente día 22, de Alejandro Lerroux
nuevamente hacia el lugar de los hechos, con tal de hacer entrega de
los donativos recaudados por los republicanos de Barcelona. Igualmente
se informa que el diputado visitará otras localidades andaluzas, como
Belmez, Córdoba, Ecija y Jerez. Su viaje tendrá una duración de 8
días, regresando luego a Madrid para asistir a las primeras sesiones
de las Cortes.
De la marcha de la huelga, o de su negociación,
nada se escribe en ningún medio de comunicación en estos días.
Lerroux en las
minas. EMV, 22-5-1904
27 de Mayo de 1904. La huelga
finaliza.
A las 3´30 de la madrugada del día 27, un telegrama
remitido desde Sevilla da la noticia del final de la huelga,
incorporándose a sus puestos la totalidad de los mineros, aunque lo
habían venido haciendo de forma escalonada. Con la entrada de los 43
últimos, se daba por cerrada definitivamente la crisis en minas de La
Reunión.
El Instituto de Reformas Sociales se reunía esa
misma noche en Madrid para estudiar los contratos de trabajo de los
obreros, sin que de momento se llegase a tomar acuerdo alguno.
Fin de la huelga. EMV, 27-5-1904
Acaba la huelga.
El Correo, 27-5-1904
El conflicto y la
tragedia ponían así su punto y final.
Lunes 31 de Marzo de 2.008. Los
muertos del olvido.
Han transcurrido más de cien años. En Villanueva
del Río y Minas, nadie recuerda. Nadie sabe. Ni una lápida, ni un
monumento, ni tan siquiera una tumba. En el viejo cementerio de
Villanueva del Río nada nos recuerda la tragedia. Suponemos que sería
allí adonde fueron trasladados y enterrados los 63 cadáveres desde el
poblado de las minas. No olvidemos que el cementerio de Santa Bárbara,
en Villanueva del Río y Minas sería construido un año más tarde, en
1905, merced a la aportación que hace la empresa M.Z.A. de 15.000
pesetas. Por tanto, no sería a este dónde, evidentemente, fuesen
llevados los difuntos. Sin embargo, en el viejo camposanto de
Villanueva del Río, el de Santiago el Mayor, a unos 5 kilómetros del
anterior, tampoco hay ninguna constancia. Apenas unas pocas tumbas sin
nombres, que ya ni el enterrador recuerda a quien pertenecen. Una
vecina, encargada del mantenimiento de la parroquia, que no dispone de
sacerdote fijo a quien poder dirigirnos, nos sugiere la posibilidad de
que quizá los restos de los mineros fuesen enterrados, compartiendo
sepultura, junto a las víctimas de la contienda del 36, en una fosa
común que el Ayuntamiento ha adecentado y cuida. Dudamos que así sea.
Pero sea cual fuese el destino último de aquellos desgraciados, lo que
realmente ahora importa, visto desde la perspectiva del tiempo, lo que
realmente duele, es ese cruel olvido, la indiferencia ante unos
obreros muertos en la mayor catástrofe minera de la historia de
España.
Cualquier otra nación del
mundo (véase los ejemplos que nos ofrecen Francia, Bélgica o Alemania,
donde las víctimas de accidentes de la magnitud de los de Marcinelle,
St. Etienne o Courrieres son recordadas con grandes monumentos ante
los cuales se siguen haciendo ofrendas florales los días coincidentes
con la fecha de las tragedias) hubiese honrado a estos mártires del
trabajo de la mina con lápidas, monolitos o placas conmemorativas.
España es distinta. Parece que una mano negra se haya confabulado con
el silencio, el olvido y la historia para hacer olvidar a aquellos
desgraciados.
Cementerio de Villanueva del Río (Fot. J.M.
Sanchis, 2008)
Eso si: en el cementerio de 1905, edificado gracias
a la generosa aportación de la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid
a Zaragoza y Alicante, no falta esa lápida, dónde se nos recuerda la
contribución empresarial y su cuantía, el nombre, en grandes letras
esculpidas sobre el blanco mármol, del monarca reinante, Alfonso XIII,
y el del Alcalde en aquella época, Manuel Vaquero, junto al del
director de la obras, Juan Gómez.
Cementerio de Santa Bárbara, V. del Río y Minas.
(Fot. J.M. Sanchis, 2008)
Indudablemente, eran mucho más importantes las
15.000 pesetas donadas por la empresa que los nombres de las 63
víctimas. A pocos metros de ese muro, los restos mortales de aquellos
hombres sin nombre, yacen bajo tierra sin que sepamos ni tan siquiera
en qué lugar exacto. Sin tener ni una anónima cruz dónde alguna alma
piadosa pudiese depositar unas flores cada 28 de Abril.
Lápida de 1905.
Cementerio de V. del Río y Minas. (Fot. J.M. Sanchis, 2008)
De los 84 muertos
habidos en la provincia de Sevilla en 1904, 118 en todo el territorio
español, 63 lo fueron en Villanueva del Río y Minas. En esta provincia
había 27 minas de hulla productivas frente a 41 que no lo eran. A raíz
del accidente de La Reunión y la huelga consecuente, la producción de
carbón sevillana, que estaba cifrada en más de 200.000 toneladas
anuales, bajó sensiblemente ese año. Lo mismo sucedió con el número de
briquetas fabricadas. La empresa perdió en ese ejercicio más de
500.000 pesetas. Lo de menos fue, a juzgar por los hechos, las 63
víctimas, sus familias, sus viudas y sus huérfanos.
Así escribimos nuestra
historia.
Valencia, 1 de Abril de 2008.
Chimenea de 1920 (Fot. J.M.
Sanchis, 2008)
Agradecimientos
A Benjamín Calvo Pérez, Director del Museo
Histórico-Minero D. Felipe de Borbón y Grecia, y a Jorge Luis
Costafreda Mustelier, de la Subdirección de Relaciones Exteriores de
la E.T.S de Ingenieros de Minas de Madrid, por su colaboración y ayuda
en la búsqueda de datos sobre este accidente en la Biblioteca de la
Escuela.
Al pueblo de Villanueva del Río y Minas, por sus
valiosas informaciones y apoyo durante nuestra visita a la localidad.
A Jesús Alonso, por su infinita paciencia al maquetar
y transformar este trabajo en Pdf y su posterior vinculación a nuestro
MTI Blog
.
Al personal de la Hemeroteca Municipal de Valencia,
por sus desvelos en localizar en los fondos de la misma todas aquellas
publicaciones de época fundamentales para la redacción de este
trabajo.
Bibliografía básica
AAVV. - Estadística Minera de España.
Ministerio de Agricultura, Industria, Comercio y Obras Públicas.
Dirección General de Agricultura, Industria y Comercio. Inspección
General de Minería. Madrid, 1905.
Adaro Ruiz, L.- Datos y documentos para una
historia minera e industrial e Asturias. Tomo IV. Gijón, Asturias,
1994.
Iznardi, A., Jubes, E.- La explosión de las
minas de hulla de Villanueva (Sevilla).Revista Minera, Metalúrgica y
de Ingeniería. Tomo LV. Madrid, 1904.
Tomás García, L.J.- La minería sevillana del
carbón. Minas de La Reunión y la Compañía de los Ferrocarriles de
M.Z.A. Excma. Diputación de Sevilla. Sección Historia, Serie 1ª, nº
38. Sevilla, 1.991.
Medios de comunicación consultados
ABC. Nº 107 Sevilla. Mayo 1904.
Nuevo Mundo. Madrid. Semanario. Mayo 1904
El Pueblo. Abril y Mayo, 1904
El Mercantil Valenciano. Abril y Mayo, 1904
El Correo. Abril y Mayo, 1904
La Voz de Valencia. Abril y Mayo, 1904
Trabajo remitido
a MTI el 3 de abril de 2008
Editado en MTI el 3 de abril de 2008